Por Karina Sandoval Palacios
Directora carreras Área Educación IP-CFT
Santo Tomás Osorno
Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo,
una fecha para reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las personas dentro del
espectro autista. Aunque ha habido avances en inclusión educativa, en la educación
superior aún persisten barreras.
Para muchos estudiantes con autismo, la Educación superior representa un reto no
solo académico, sino también social y estructural. Las dificultades en la interacción, la
adaptación a nuevas rutinas y la falta de apoyos adecuados pueden afectar su experiencia.
Aunque algunas instituciones cuentan con políticas inclusivas, estas muchas veces son
insuficientes o no se adaptan a las necesidades individuales.
Uno de los mayores obstáculos es la falta de sensibilización en la comunidad.
Profesores, compañeros y personal administrativo a menudo desconocen cómo
interactuar adecuadamente con estudiantes autistas, lo que puede generar exclusión. Es
clave fomentar capacitación en diversidad e implementar estrategias pedagógicas
inclusivas para mejorar el ambiente educativo.
Además, la rigidez de algunos programas académicos puede ser un problema para
quienes necesitan ajustes en su proceso de aprendizaje. Desde la flexibilización en
evaluaciones hasta la creación de espacios tranquilos para la concentración, deben
garantizar condiciones que permitan el desarrollo pleno de estos estudiantes.
El acceso a la educación superior es un derecho y una oportunidad para que las
personas autistas aporten sus talentos en distintas áreas. Promover una inclusión real
beneficia a toda la comunidad académica, fomentando una sociedad más empática y
equitativa.
En este Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, es fundamental que las
Instituciones de Educación Superior asuman su papel en la construcción de espacios más
accesibles. La inclusión no debe quedarse en discursos, sino traducirse en acciones
concretas que permitan a todos los estudiantes alcanzar sus metas académicas y
personales.
«En la educación superior, la diversidad cognitiva es una fortaleza. Fomentemos
entornos inclusivos donde cada mente, con su forma única de percibir el mundo, tenga
la oportunidad de desarrollarse y alcanzar su máximo potencial.»
